En el último trimestre he perdido hasta en tres ocasiones llaves importantes: la combinación del candado de la bicicleta, la llave del despacho y, finalmente, las del coche. No sé si ha sido cosa de la edad, de ir demasiado distraído o de una mezcla de ambas cosas.
En las tres ocasiones pedí ayuda a Joaquín Romero Salord. Y en las tres sucedió algo parecido: las llaves aparecieron en lugares que, en su momento, me habían parecido los más adecuados para guardarlas… pero que después había olvidado por completo. Tras pedir su intercesión, terminaba recordando dónde las había dejado, en sitios que ya no tenía presentes en la memoria.
Por eso atribuyo este favor a su ayuda y se lo agradezco sinceramente.
Algo similar le ocurrió también a un compañero de despacho. Había perdido sus llaves y, después de buscarlas por todas partes sin éxito, le aconsejé que pidiera ayuda a Joaquín. Al poco rato, las encontró.
Rafa Canals
Barcelona, enero 2026
