Cuando empezaron a caer las primeras gotas de lluvia, me quité inmediatamente los audífonos. Me habían advertido de que son muy delicados y que la humedad puede estropearlos. Además, son muy caros. Por eso, me los guardé enseguida en el bolsillo de la camisa.
Al llegar a casa, como cada día, puse la ropa sucia en la lavadora. Al sacarla, sin embargo, cayó de la camisa un pequeño objeto… ¡Eran los audífonos! El disgusto fue enorme.
Recordé entonces que había oído que algunas personas habían conseguido “revivir” su teléfono móvil después de mojarse dejándolo durante un tiempo en un recipiente con arroz, así que decidí hacer lo mismo. Pero en este caso la situación era peor: no se trataba de un aparato resistente, sino de unos audífonos muy frágiles que, además, no solo se habían mojado, sino que habían pasado más de una hora dando vueltas en la lavadora, entre agua y jabón.
Ante esto, pensé inmediatamente en acudir a un refuerzo espiritual. Cogí una estampa de san Josemaría y comencé a rezar. Pero justo en el momento de pedirle el favor, sentí interiormente una idea muy clara:
«¿Por qué no se lo pides a Joaquín?»
Así que comencé una novena pidiéndole el favor a Joaquín y esperé hasta el día siguiente.
Eso fue lo que más me costó.
Al despertarme, fui directamente a buscar el recipiente con arroz. Saqué los audífonos, los encendí y, como si fuera música celestial, escuché la pequeña melodía que emiten al conectarse correctamente.
Sin ninguna duda, atribuyo este favor a la intercesión de mi amigo Joaquín.
Mn. Rubèn Mestre i Andrés
Barcelona, diciembre 2025
